BAUTISMO Y SEGUIMIENTO
DE JESÚS EN LA IGLESIA I.
CONTENIDO A. Introducción
y motivación de la Unidad.
B. ¿Qué es el Bautismo? 1. Una Consagración
del hombre a Dios.
2. Una Identificación con Cristo.
3. Una Inserción dinámica del creyente en la Comunidad
Eclesial.
C. Conclusiones para la síntesis.
II. GUÍA PARA LA REFLEXIÓN PERSONAL
Y COMUNITARIA.
A. Introducción y Motivación
de la Unidad
A partir del Concilio Vaticano II toda la vida cristiana empezó
a ser comprendida de nuevo como una experiencia radical del Seguimiento
de Jesucristo dentro de la Comunidad eclesial a manera de un testimonio
significativo para la evangelización del mundo. Dicha experiencia
cristiana se inaugura en el Bautismo, sacramento esencial de iniciación
a la vida nueva en el Espíritu, señal de identificación
existencial con Jesucristo, pertenencia real a su reino y puerta
de entrada a la Iglesia, comunidad de los creyentes comprometidos
en el anuncio del evangelio a todos los pueblos (Cfr. Mt. 28, 16).
Donde antes se hablaba de imitar a Cristo, la nueva teología
de la Iglesia, retornando a las fuentes del cristianismo, ha vuelto
a hablar de la categoría primordial del seguimiento de Jesucristo
para definir la naturaleza de la vida cristiana en todas sus expresiones.
Este cambio de mentalidad teológica trae sus consecuencias
en la espiritualidad cristiana y afecta positivamente las formas
concretas de vivir la llamada del Señor en la Iglesia y el
mundo. No se trata ya de una espiritualidad de la imitación
sino del seguimiento de Cristo: de su Camino de Entrega, de su llamada
al Reino de Dios, de su estilo de vida consagrada al servicio de
la humanidad por Obediencia al Padre, de sus actitudes y criterios
frente a los ídolos de este mundo. Tal seguimiento de Jesucristo
implica una opción fundamental y personal por Él,
la cual exige haberse encontrado personalmente con el Señor,
conocerlo profundamente y amarlo con todo el corazón. Este
seguimiento genera cristianos convertidos en auténticos discípulos
del Maestro, personas muy conscientes de sus opciones espirituales,
comprometidas de tiempo completo en la misión de hacer presente
y real la salvación de Dios en Jesucristo Crucificado, creyentes
con una muy clara identidad y pertenencia cristiana que saben dar
razón de su propia esperanza a todos sus hermanos (Cfr. lPdr.3,15),
fielmente dispuestos a llegar hasta el final que es la ofrenda diaria
de la propia vida en beneficio del Reino.
Para un religioso contemplativo resulta de vital importancia el
comprender su propio bautismo en esta nueva clave del seguimiento
de Jesucristo porque le permite relacionar adecuadamente su peculiar
vocación en la Iglesia con las diversas vocaciones de sus
hermanos en la fe, centrar dinámicamente su experiencia en
la persona de Jesús iniciador y consumador de su fe, y situar
en su justo lugar los demás elementos que configuran su vida
religiosa. Ya no se pensará que hay dos categorías
de cristianos: Los ordinarios que debían contentarse con
cumplir los mandamientos al trabajar en las cosas mundanas; y los
religiosos que eran los especiales, los invitados a llevar una vida
superior de consejos evangélicos y de estados de perfección,
lejos del mundo. Ya no seguiremos creyendo que la llamada a la santidad
sea un privilegio de unos cuantos elegidos para la vida religiosa,
misionera o sacerdotal, sino una invitación universal y una
exigencia de la fe bautismal (Cfr. Lv.20,26). Tampoco se podrá
ver más la opción por la vida religiosa contemplativa
como una fuga del mundo, como un escape de la realidad para refugiarse
en los muros de un monasterio en donde se reprimen las pasiones
humanas o se vive de espaldas a la problemática de la humanidad.
A donde quiera que vaya un cristiano tendrá que asumir como
bautizado un compromiso responsable semejante al de Jesús
que fue solidario con sus hermanos hasta las últimas consecuencias
y llevó lo humano a su más divina expresión.
Finalmente, se trata de caer en cuenta que lo fundamental es ser
cristiano auténtico en virtud del bautismo; los estados de
vida en la iglesia son expresiones variadas de la vida bautismal
(ministerios ordenados, vida religiosa, vida matrimonial y laical)
que se convalidan en la autenticidad del seguimiento de Jesucristo,
de un bautismo entendido no como un sacramento puntual sino como
una fuente de espiritualidad que irriga todo el caminar del cristiano.
La radicalidad del seguimiento de Jesucristo se tiene que dar en
razón del bautismo y no del peculiar estado de vida asumido:
así quedamos todos los bautizados igualmente exigidos por
el Espíritu, igualmente valorados en la Iglesia, igualmente
auxiliados por la gracia de Dios. De esta manera, los valores definitivos
del Reino se convierten en exigencias para todo bautizado quien
los ha de vivir dentro del estilo de vida asumido en la fe. Esto
nos tiene que llevar a un cambio de mentalidad, de lenguaje y de
actitudes, a una nueva espiritualidad bautismal, a una nueva visión
de la vida religiosa, a nuevas conclusiones sobre la moral y la
santidad del cristiano en el mundo. Sabemos que las principales
fallas y vacíos de nuestra vida religiosa se originan en
la base de nuestro cristianismo y no tanto en la vivencia de los
carismas. Ojalá que este sencillo estudio del Bautismo como
Seguimiento de Jesucristo en la Iglesia sirva para lograr en algo
estos cambios de mentalidad indicados en la introducción.
B. ¿Qué es el Bautismo?
Son muchas las respuestas que podemos dar a esta pregunta según
la perspectiva teológica que adoptemos: bíblica, litúrgica,
eclesial, espiritual, pastoral, religiosidad popular, sistemática,
ecuménica, social, etc. y de hecho, sería muy interesante
poder mirar lo que significa cl bautismo en toda la Biblia, o en
la historia de la Iglesia comenzando por el bautismo de Jesús
en el Jordán (Cfr.Mc.l ,9-11 ); hacer un estudio del sentido
del bautismo en la religiosidad popular y en su dimensión
ecuménica. Pero la brevedad de nuestro escrito no nos permite
detenemos en tantos asuntos.
Nuestro enfoque será más de tipo catequético
y pastoral. Lo que pretendemos ahora es lograr que todos los elementos
que podamos aportar en relación con el Bautismo, vayan en
la dirección del Seguimiento de Jesucristo y vinculen de
verdad al bautizado con la salvación ofrecida por el Señor
en su misterio pascual (Pasión, Muerte de Cruz, Sepultura
y Resurrección).
El bautismo es un sacramento que recibe su nombre en razón
del rito central mediante el cual se celebra: bautizar significa
sumergir, introducir dentro del agua; y la inmersión dentro
del agua simboliza el acto de sepultar al catecúmeno en la
muerte de Cristo de donde sale por la resurrección con Él
como nueva criatura.1 Como lo afirma el catecismo de Pío
X, "el bautismo es el sacramento que nos hace cristianos, esto
es seguidores de Cristo, hijos de Dios y miembros de la Iglesia".
Es el sacramento que mayor atención recibe en el N. T., más
que la misma Eucaristía.
El Papa Pío XI confesaba en la plenitud de su vida de gracia:
"El día de mi bautismo ha sido el mayor de mi vida",
pues no son comparables con este primer don, las gracias que el
cristiano reciba posteriormente. Para estudiar el bautismo en la
perspectiva del seguimiento de Cristo, vamos a considerarlo en tres
dimensiones: Consagración del Hombre a Dios, Identificación
total con Cristo; Inserción dinámica en la Comunidad
Eclesial.
1. El Bautismo es una Consagración:
La consagración es una experiencia profunda que se da en
todas las religiones: se consagran personas, lugares, objetos y
de esta manera se destinan para el servicio de la divinidad; en
el caso nuestro del cristianismo también se consagran para
Dios las personas, los lugares (Templos) y las cosas destinadas
al culto. El Bautismo es la primera consagración de un hombre
para el servicio de Dios en la Iglesia; tal consagración
es un proceso de vida que tiene varios significados según
el momento que se desea enfatizar:
Llamada de Dios, Respuesta personal del hombre, Consagración
para la Comunidad, Asimilación Dinámica y creciente.
1 Catecismo de la Iglesia Católica. 1.992 Pg. 284.
a. Llamada de Dios: En el camino de
la salvación es Dios quien toma siempre la iniciativa de
acercarse al hombre (Gn.12,1-4; Ex.3,2-6; Lc.24,13-18). Con el don
de la vida, Dios le confiere a todo hombre una llamada para ofrecerle
la salvación: Le propone salir de sí mismo, ponerse
en camino siguiendo la aventura riesgosa de la fe, nacer de lo Alto,
renacer del Espíritu, darle un enfoque trascendental a su
existencia y un sentido espiritual a su vivir cotidiano en el mundo
(cfr. Jn. 3,3-7). En Jesucristo, Dios Padre está invitando
a todos sus hijos a seguir la dinámica del Reino para poder
llegar a la entrega de la vida camino clave de la Salvación
de la Humanidad: En esto consiste la llamada universal a la santidad
que se contiene en el sacramento del Bautismo. Al ser bautizados
somos llamados, consagrados y marcados (cfr. 2 Cor.l ,21- 22) para
una salvación que implica la santidad de vida, la liberación
del pecado y la obediencia total al proyecto de Dios, tal como aconteció
en Jesús. En la gracia del bautismo se contiene la vocación
fundamental del cristiano: vivir cada momento al estilo de Jesús
de Nazareth que pasó haciendo el Bien y todo lo hizo bien
porque amaba al Padre Dios y a sus hermanos.
b. Respuesta del Hombre: De una forma personal, todo bautizado llamado
por Dios a la salvación en Jesucristo, debe darle una respuesta
de fe que consiste en obedecer el Plan de Dios expuesto en su Palabra.
Se establece un diálogo permanente entre el Padre Dios y
su hijo adoptivo, una comunión que genera la experiencia
de una conversión creciente del cristiano hacia Dios en todas
la áreas de la vida (intelectual, moral y religiosa). Esta
fe del bautizado no puede limitarse a una mera aceptación
teórica de verdades; ha de consistir en una adhesión
vital a la persona y al proyecto de Cristo en el diario vivir. La
conversión del cristiano consiste en despojarse del hombre
viejo, carnal y pecador, para acogerse a la vida nueva revelada
en Jesucristo y los valores trascendentales de su Reino dentro de
la Iglesia, comunidad de salvación. Esta respuesta del hombre
a la gracia de Dios es lo que llama la Escritura la obediencia de
la Fe (Cfr. Heb.5,7-9). La respuesta del consagrado se va dando
sobre la vida diaria y cada que actúa al estilo de Jesucristo
está siendo bautizado de nuevo por la fuerza del Espíritu
y va creciendo en su consagración.
c. Momentos de la Consagración:
La elección de Dios y la respuesta del hombre tienen que
ser expresadas dentro de la comunidad en momentos especiales de
su historia. El testimonio es fundamental para el crecimiento de
la fe personal y comunitaria. Por eso, en el seguimiento de Jesús
hay momentos comunitarios señalados para la consagración
(verificación) de la Gracia de Dios y la Fe del hombre. La
Comunidad celebra en circunstancias especiales y con signos elocuentes
la consagración de sus integrantes (sacramentos, jubileos,
profesiones religiosas,
d. Asimilación Dinámica y Creciente:
La consagración no es un acto meramente puntual que se hace
de una vez y para siempre. Consiste básicamente en un dinamismo
que no se detiene ni se repite. La gracia de Dios es sembrada en
el corazón del hombre el día de su bautismo y esta
semilla requiere ser cultivada con esmero para que crezca, fructifique
y madure en la vida personal y comunitaria del creyente. Ni el bautizado,
ni el consagrado para el matrimonio o la vida religiosa-sacerdotal
quedan destinados mágicamente el día de la celebración
sacramental. Tal celebración es el punto de llegada de una
opción fundamental por Jesucristo y el nuevo punto de partida
de un compromiso mayor con el Señor dentro de la comunidad.
Así Como se va dando el crecimiento biológico de la
persona, debe darse el desarrollo espiritual del cristiano: un crecimiento
dinámico y transformante que nunca se estanca porque está
movido por el Espíritu Santo que desborda y ensancha el horizonte
humano.
2. Identificación total con Cristo:
Además de consagrar, el bautismo inicia otro proceso en el
hombre que consiste en una progresiva identificación con
el Cristo Total; ella implica una adhesión por la fe a la
persona de Jesucristo y a su misión. El cristiano es un hombre
de Cristo, lo cual define su pertenencia, dependencia y consistencia
espiritual, pues el ser humano puede ser también habitado
por el pecado. Lo que hace posible el bautismo es que el hombre
se abra a Jesucristo y se deje dominar por el Espíritu de
Cristo, se adhiera a la Cruz y se identifique con el Reino.
Identificación es Comunión y Seguimiento de Jesucristo:
El bautizado en cualquier estado de vida que elija (matrimonial,
religiosa, sacerdotal, laical) está obligado a expresar claramente
su identidad personal con Cristo Rey humilde, Sacerdote y Profeta,
y con su Misión en el mundo como Hijo de Dios, Hermano de
los Hombres y Señor de la Creación); igualmente, un
cristiano auténtico hace sentir la Comunión con su
destino como Servidor y Testigo del Reino; y el seguimiento radical,
definitivo y continuo de su estilo de vida marcada por la Castidad,
Pobreza y Obediencia. De lo anterior podemos deducir que la vivencia
de los consejos evangélicos y el ejercicio de la triple misión
de Cristo (profética, sacerdotal y real) no es una exclusiva
de los religiosos en la Iglesia sino que son exigencias comunes
para todos los bautizados; varía solamente la forma de vivir
estos consejos según el estado de vida asumido, algunos acentos
que subrayan una dimensión significativa del misterio de
Jesucristo.
La identificación del bautizado con Jesucristo tiene que
darse a dos niveles: interior y exterior. Llamamos identificación
interior la configuración del hombre con Jesucristo Crucificado,
sepultado y Resucitado de entre los muertos: vivencia pascual que
le lleva a morir al pecado, a entregarse apasionadamente como el
Señor hasta reproducir su imagen en el mundo (Rom.6,1-4;
Col.3,5-15). Es la realización de la conversión total
al Evangelio.
La identificación exterior consiste en el testimonio que
ofrece el bautizado a su comunidad y al mundo al asumir como tarea
primordial la triple misión de Cristo: Profética,
Sacerdotal y Real. El cristiano es como su Maestro un profeta del
Reino que anuncia el Evangelio a toda criatura, denuncia el mal
en todas partes con su testimonio y su palabra valiente, renuncia
a todo aquello que siendo bueno no es necesario y puede distraer
la atención de los caminos de Dios. Así es como se
convierte en testigo cualificado del Reino para sus hermanos en
la Iglesia y para el mundo, lo cual es muy posible que le genere
oposiciones, contrariedades, persecuciones y martirio, tal como
le ocurrió a Jesús.
Todo bautizado está llamado a ser sacerdote de la nueva alianza
en su vida cotidiana. Consiste en ofrecer toda la vida como sacrificio
vivo, sano, y agradable a Dios, dándole culto en espíritu
y en verdad (Cfr. Rom. 12,155.; Jn.4,23). Es sacerdote quien ora
por sus hermanos, quien les sirve desinteresadamente, quien se convierte
en puente de unión entre Dios y la humanidad, (Cfr. L. G.l0).
El hombre es Señor de la Creación y de la historia:
y el bautizado tiene una misión real en el mundo que consiste
en revelar con su forma de vivir y convivir la misteriosa dignidad
de los hijos de Dios. Una vida digna, auténtica y plenamente
humana es la que Dios nuestro Padre confiere a todos sus hijos.
La esclavitud, la injusticia, la violación de los derechos
humanos y la cultura de la muerte van contra la voluntad de Dios
y son un desafió para todos los cristianos que tenemos la
misión de promover y defender la real dignidad de todos los
hombres que son nuestros hermanos. Esta misión real del cristiano
le exige aprender a administrar evangélicamente todos los
bienes y recursos materiales que llegan a sus manos; implica fomentar
la justicia y el desapego; evitar la avaricia y la ambición;
y el compartirlo todo generosamente con los hermanos según
la ley de la caridad.
3. inserción del Cristiano en la Comunidad
Eclesial: La salvación en categorías cristianas
nunca será un asunto individualista o solitario; tanto la
fe como el seguimiento de Jesús, aspectos esenciales del
cristianismo, son experiencias trascendentales eminentemente comunitarias.
Quien sigue a Jesús lo hace en comunión con otros
hermanos, no de forma aislada; a todos los que Jesús llama
para que estén con Él los integra en la comunidad
apostólica. El creyente, por el bautismo, entra a formar
parte de la comunidad eclesial y en comunión con ella vive
su consagración a Dios. Participa en su vivencia comunitaria
de las cuatro notas características de la Iglesia fundada
en Pentecostés por la efusión del Espíritu:
Unidad, Santidad, Catolicidad y Apostolicidad. Y desarrolla su capacidad
de entrega a la comunidad al asumir los cuatro pilares que fundan
y sostienen la fe del bautizado en la Iglesia: Fraternidad (Koinonía),
Palabra de Dios orada y predicada(Profecía), Celebraciones
Sacramentales (Liturgia), Vida de Servicio (Diakonía). Es
en la vida comunitaria en donde se prueba y manifiesta la auténtica
conversión de una persona al Reino de Dios, una sólida
espiritualidad cristiana y el sincero seguimiento de Cristo (Cfr.
Act. 2,42-47).
a. La Koinonía: Es la comunidad de los que siguen a Jesús
y ponen toda su confianza en el Padre Celestial. La realización
de la fraternidad nunca ha sido fácil en las comunidades
cristianas, dada la variada procedencia de sus integrantes y la
pobreza humana de los mismos (pecado). Los evangelios dan testimonio
de frecuentes rencillas, ofensas y necesidad de perdón (Mc.9,33~IO,35;
Lc.17,4). Para Jesús todos son iguales, hijos de un mismo
Padre y no queda espacio para la dominación, competencia
o búsqueda de los propios intereses. Entre los que siguen
a Jesús debe darse el espíritu de servicio en una
actitud de pequeñez y generosa gratuidad. Tienen que constituir
una fraternidad abierta a todos y comprometida en el testimonio
hacia dentro y hacia el mundo exterior. La Koinonía cristiana
tiene a Dios como Padre y a la Virgen María como Madre amorosa
consagrada para esa misión por Jesucristo al pie de la Cruz
(Jn.19,25-27).
b. Dimensión apostólica del
Bautismo: La vida cristiana es una praxis; consiste en vivir
de acuerdo con el evangelio, implica una acción y un compromiso.
El ejercicio de la triple misión de Jesucristo constituye
la dimensión apostólica y pastoral del bautizado.
En su ser y en su obrar el cristiano es un apóstol y un pastor,
un evangelizador y un misionero, al estilo del Maestro que no vino
a ser servido sino a servir y dar su vida en rescate por muchos.
En Jesús la consagración y la misión eran una
misma cosa: su consagración al Padre le llevaba a ser obediente
de su Voluntad; su consagración al servicio de los hermanos
le llevaba a entregarse desinteresadamente, a trabajar por su salvación,
a evangelizar a los pobres; su condición de Mesías
Real le inspiraba un señorío sobre todas las cosas
materiales y los acontecimientos de la historia tal, que todos captaban
su autoridad moral, libertad y coherencia; pero ejercía un
señorío por comunión con toda la creación
de Dios y nunca por dominación. La comunidad eclesial es
apostólica en cuanto se siente misionera y enviada por el
mismo Cristo a evangelizar a todas las naciones, bautizándolas
en el Amor y enseñándoles a vivir de acuerdo con los
mandamientos.
C. Conclusiones
Con todo lo dicho hemos querido esclarecer que toda forma
de vida consagrada en la iglesia se funda en la consagración
bautismal y que toda misión apostólica asumida eclesialmente
se origina en la triple misión de Jesucristo conferida al
hombre bautizado en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu
Santo. También nos debe quedar muy en firme que el bautismo
del cristiano no es un rito que se limita a una celebración
litúrgica puntual del pasado sino que comprende toda la existencia
del creyente, se expresa en todos y cada uno de sus comportamientos
y se planifica en la realización de la vocación específica
que cada uno asume en la Iglesia. Un buen religioso tiene que ser
primordialmente un excelente cristiano, alguien que ha asimilado
profundamente su consagración bautismal en relación
con Cristo, la Iglesia y el Mundo.
III. GUÍA PARA LA REFLEXlÓN
PERSONAL Y COMUNITARIA
A. Para comprender y vivir más plenamente nuestro bautismo
en la comunidad religiosa es necesario hacer una especial toma de
conciencia sobre la dimensión sacramental de la existencia
humana, sobre el valor y sentido de este signo sacramental y sobre
la realidad que es la Iglesia: Desde allí generar un cambio
de mentalidad sobre la fe, la comunidad y la vocación contemplativa
en la Iglesia. ¿Qué relación encuentras entre
tu vida religiosa y tu bautismo en la Iglesia?
B. ¿Cuál es el punto más novedoso que has encontrado
en el estudio de esta unidad? Comenta con otras personas las siguientes
frases:
· Bautizarse es una experiencia pascual que afecta la totalidad
de la existencia humana y que se va desarrollando de forma procesual
a nivel personal y comunitario.
· Bautizarse es asumir responsablemente el compromiso de
seguir el camino de Jesucristo dentro dc una Comunidad y en actitud
de Discípulo.
· Bautizarse no es un rito anclado en el pasado, sino un
vivir en el Espíritu.
P. JOHN JAIRO HERRERA V. OCD.
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